El proyecto forma parte de las intervenciones realizadas en el contexto del Taller de Obra de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Talca.
Al comienzo fueron cubos de luz flotando en el agua, luces que podían iluminar el Río Claro de nuestra ciudad y otorgar un espacio distinto, podíamos hacer notar lo que hoy pasa inadvertido y enfocar todas las miradas hacia él. Con las propiedades del agua estos cubos se reflejan y se vuelven unos paralelepípedos…
De apoco esta idea se fue transformando: lo que nos interesaba ya no era simplemente los cubos en el agua y sus efectos, sino la luz que podíamos trabajar. Por lo que nuestra materia prima ahora se volvió la LUZ.
El trabajo de la LUZ involucra un elemento que nos permita que se refleje, que se difumine, que traspase, etc. ... que logre los efectos que buscas, que permita esa sensibilidad con la luz y con el material.
En estas fechas la luz natural no es la óptima para intervenir, por lo que decidimos trabajar en la noche y ahora en el centro de la ciudad. La manera más económica de tener luz artificial en la ciudad es apoderarse de los faroles de alumbrado público, así tenemos el soporte para nuestro elemento, la radiación de luz y todo GRATIS!!
El elemento que creamos logra transformar los puntos de luz de los faroles de la alameda de la ciudad en volúmenes de luz. Las pruebas fueron muchas, pero el resultado siempre fue una muy buena imagen, además podíamos transformar un mobiliario tan común como los faroles del alumbrado público y volverlo una situación deseada, una imagen bella y deseable de observar.


